Inminente.
Todo acaba. Todo muere en algún momento, ¿cierto?. Todo cuanto uno puede llegar a creer padece lo inevitable del cuestionamiento.
Por ahora, palabras tontas, frases trilladas, aliento efusivo, miradas escondidas...tierna indiferencia. Ella, la que lapidariamente me desprecia con ternura, se desliza por mi horizonte con envidiable y despreciable fluidez. Mis palabras son tan patéticas que me ciegan a la objetividad, la realidad, la pureza, la verdad, la honestidad, las mentiras, los deberes, los demonios y nuestras promesas. Mis promesas son tan futiles como mis esfuerzos ante mis sueños. Y tú, tú eres tan hermosa como el primer día en que te vi detenidamente. Cada vez que te veo es como si te viera por primera vez.
Notable tu anatomía, tu personalidad y desplante ante mis esfuerzos por ignorarte; olvidar o silenciar este inicuo sentir se vuelve un suplicio, del recurso de supervivencia que en un principio pretendía ser. Y yo vuelvo a ser el mismo. Tú siempre eres la misma. Pero yo, siempre tan distinto a lo que el resto me pide, le rezo a los vientos por tu nombre y destino. Le pido a los silencios en gritos ahogados de ansiedad y buenaventuranzas en tu devenir, y el del que decidas te proteja y ame como sólo en mis sueños de triste y demente solitario puedo obtener, ver y dar.
En silencio te admiro, y sigo dudando sobre mi proceder. La misma pregunta que torna estúpido, y la misma mujer que me vuelve digno.
¿Te amo?
¿cómo sabré o que sientes si no me atrevo a hablarte?
...
Todo padecerá lo inevitable del cuestionamiento. Todo muere en algùn momento.
¿Cierto?
me averguenza mi patética escritura...
lunes, julio 10, 2006
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)

No hay comentarios.:
Publicar un comentario